lunes, 29 de septiembre de 2008

Aniversario de una huelga frustrada

Hace ya un año que me planteé si realmente existe el derecho a la huelga. Parece ser que en algunos casos no.
Pero después de un año los motivos de tan descabellada ocurrencia siguen intactos (ver noticia). Y qué mejor manera de celebrar este digno aniversario que con un breve romance que inmortalice el acto. Pues ahí va:

Romance de una huelga frustrada

A una oficina del ayuntamiento
me marché un día, a trabajar ufano.
Mas todo lo encontré desordenado,
no quedó nada, ni siquiera asiento.

De pronto me dejaron sin despacho,
nada que hacer, ¡menudo aburrimiento!
Para mi jefe aquello era un tormento:
- ¿Dónde coloco yo a este mamarracho?

La concejala vino en mi socorro
y me ofreció su noble alojamiento.
Pero que esto te sirva de escarmiento,
siempre serás aquí el último mono.

Mas el poder a mí no me amilana,
que el currante también tiene derechos.
A mi jefe una huelga le prometo,
y él se ríe delante de mi cara.

- Si la haces te quedas sin trabajo
y yo me quedaré aquí tan campante.
Como él es socialista, e importante,
me quedo mudo, triste y cabizbajo.

La ley y el sindicato sirven poco,
la democracia es una bagatela,
pero aprendí de toda esta quimera
que el que se mueve, no sale en la foto.

El jefe pronto recibió su premio.
Joven y progre, aunque algo incompetente,
el partido lo nombra dirigente.
Ahora es el delegado del gobierno.

jueves, 19 de junio de 2008

Las Notas



Para Ares

Las notas van cayendo como gotas de un torrente de sonidos y silencios. Podrían parecer, en un principio, una cadencia desordenada y caótica que, como en un alumbramiento, va reordenándose de cierta manera, aparentemente azarosa, y hace que cobren su significado preciso unas junto a las otras.

A veces se precipitan como una cascada furiosa, amontonándose entre ellas, como una carrera de aguas que pugnan por adelantarse, por cubrirse y que, más allá de su valor singular, logran un conjunto armónico, un juego vibratorio sobre el que cabalga el cuerpo, acumulando una sensación vertiginosa que escapa a la razón, que pertenece a ese otro mundo misterioso y oculto de lo invisible.

A veces parece que corran solitarias, una tras otra, como pidiéndose permiso para no taparse, y que el sonido tenue permita la calma y el sosiego. Entonces cierro los ojos y las notas obran de forma milagrosa. No hay paisaje, ni de flores, ni de rios, ni de nubes de formas caprichosas. Lo que hay es un retorno en el tiempo, una vuelta a los ancestros más primitivos, al calor del primer fuego, al olor de la tierra mojada de las tormentas pasajeras, a la humedad misma del útero materno, que transita ahora por los ojos entreabiertos. Y oigo las notas antes de que las cuerdas vibren, antes incluso de que los mazos las golpeen, y también antes de que los dedos bailen sobre las teclas, como jugando con el aire. Intentando que la música que habita en lo más hondo de su alma soñadora pueda viajar con el viento, como una manada de alas locas que susurran las palabras más simples, las más bellas, y acarician mi piel con un plumón tejido de sueños infantiles, que son los que transmiten el aire a los pulmones y aceleran la sangre hasta quemarme.

¿Cómo hacer que el tiempo detenido recobre el pulso sin matarme?

A veces, lo más pesado se alza sobre la tierra árida y polvorienta, sobre matorrales y espinos quebrados por el sol y la sed de siglos secos. Y pende de un fino hilo trenzado de abrazos y de risas, y de dolor y tristezas que alimentan y crecen como espigas.

Al final el silencio y la sonrisa, y una certeza infinita que anida en las vísceras más hondas, como esponjas empapadas en sangre caliente que, poco a poco, se derrama en una sensación de sueño. La vida se escapa y ahora sé que puedo morir tranquilo.

martes, 11 de marzo de 2008

El voto inútil

Desde que Felipe González y compañía (que no hay que olvidar que procedían de luchas políticas clandestinas en los tiempos en los que las ideologías eran lo más importante), a propósito del referéndum sobre la OTAN decidieron formar parte de las élites dominantes del país, instalándose como gestores administrativos de una empresa política al servicio de los poderes internacionales, traicionando no sólo a su propia ideología (que eso no me importa) sino también a la de muchos otros que, además, nunca tendrán la posición social a la que ellos llegaron (y que pronto se encargaron de blindar a perpetuidad, emulando en eso a tipejos como Pinochet), se me hace muy difícil trazar el límite que, en este país, separa la derecha de la izquierda (reduciéndo el ámbito a PP y PSOE, ya que cualquier otra opción está abocada a la desaparición más o menos prematura).
El PSOE encarceló a objetores de conciencia compañeros míos, fué incapaz de mejorar aspectos tan importantes como la ley del aborto y el tema de la religión en la escuela (que tienen mucha mayor capacidad de cambio a nivel de valores sociales que la soberana estupidez de la "Educación para la ciudadanía"). Y dió pié a que llegara Aznar para eliminar el servicio militar obligatorio y regulara el tema de las parejas de hecho. Todo eso sin olvidar el enriquecimiento inmoral y delictivo de buena parte de la cúpula socialista que, al estilo del último franquismo, no dudó en rodearse de toda una suerte de tecnócratas (con Boyer a la cabeza) para garantizarse el apoyo de los sectores dominantes, tanto nacionales como internacionales.
Ante este panorama, como casi todo el mundo, el tema del voto termina dilucidándose por eliminación. La gente ya no vota lo que desea sino lo que considera menos lamentable, y esta situación anímica debe mucho al sucio trabajo de todos los gobiernos mal llamados socialistas. Por eso el PSOE sigue sacando rédito a la vieja campaña del miedo a la derecha. Para algunos, votar lo que consideran menos malo es una opción válida, pero para mí no deja de ser una especie de rendición moral ante el imperio del pensamiento único. ¿A qué nivel habría llegado si soy capaz de votar a gente de la que no me fío?

viernes, 29 de febrero de 2008

Ausencia


El bullicio me atonta el alma.

El trajín diario de las cosas que pasan a mi lado,

tan rápido como yo mismo,

y que atascan mis sentidos para hacerme triste.

Pero la soledad de la noche me rescata.

Me envuelve en un cálido silencio

que tu ausencia agranda,

y comienzo a sufrir por lo que ahora me falta.

Me falta tu mirada clara,

que a un tiempo me abraza y me perdona.

miércoles, 17 de octubre de 2007

¿Existe el derecho a la huelga?

Tristemente, la pregunta es más pertinente de lo que parece.
A raíz de un problema con el Ayuntamiento de Albacete, en donde trabajo, planteé la realización de una huelga de carácter individual, pensando que eso de la democracia y la libertad es algo mínimamente cierto.
Pero no. Resulta que el derecho a huelga sólo puede ejercerse colectivamente (gracias a un decreto preconstitucional), pese a que la constitución lo recoge como derecho fundamental y, por tanto, inherente a la persona.
Lo más gracioso es que la administración local, ahora en manos de los socialistasobreroespañoles, me amenazó con la pérdida del puesto de trabajo si realizaba dicha huelga. ¡Ver para creer!
Y como uno ya no tiene el arrojo propio de la juventud, he optado por no realizarla. Así consigo sólo un par de cosas: que mis amigos los socialistaobreroespañoles sigan disfrutando de mis servicios y no tener que esperar 7-8 años a que el Tribunal Constitucional me pueda dar la razón.
En cualquier caso el tema no se ha terminado.
Podéis ver la noticia en este enlace.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La sombra de la felicidad


Después de demasiados intentos fallidos, parece que podré colgar textos aquí.

El primero tiene que ser el que da título al blog, que se publicará a finales de este año.

La sombra de la felicidad.doc

martes, 11 de septiembre de 2007

¿Por dónde empezar?

El miedo a la página en blanco se repite en este invento de los blog.
Acabo de crearlo como el que se compra un baúl para guardar sus cosas, al abrigo de truhanes y malhechores, pero abierto para ser visto. Para poder hacer/decir lo que se antoje, sin tener que suplicar, ni agradecer, ni pedir perdón, y así mandar al pijo toda esa tradición judeocristiana que nos marca y acompaña, puñeteramente, más de lo debido.
Pero tendré que ir aprendiendo cómo manejarme en este enredo informático para ir colgando lo que buenamente se me ocurra.
¡Salud!