
viernes, 12 de febrero de 2010
Por una ciudad para peatones y ciclistas

jueves, 14 de enero de 2010
El silencio
Oía los pasos cada vez con más nitidez. Era una señal inequívoca de que alguien se aproximaba por mi espalda. Decidí apremiar mi marcha ligeramente, con disimulo, pues una carrera acelerada no haría sino provocar a mi perseguidor. Pero yo presentía que el desenlace estaba próximo y, con más miedo que valor, me detuve en seco y gire sobre mis talones. Sólo tuve tiempo de adivinar la hoja plateada de un cuchillo, brillante en medio de una oscuridad tenebrosa, que descendía con velocidad buscando mi pecho. A esas alturas el sudor bañaba mi frente, corriendo ligero por mis mejillas, y con el último aliento que me quedaba logre incorporarme y despertar entre unas sábanas arrugadas y húmedas.
Aquella pesadilla me despertó preocupado. Normalmente no solía recordar los sueños, me dejaban tranquilo en el sopor de la noche y nunca sabía si mis andanzas en eso del subconsciente eran para bien o para mal, simplemente me dejaban en paz.
Algunos amigos me cuentan que disfrutan mientras duermen. Visitan lugares de ensueño y cumplen sus deseos más carnales. Hasta sueñan con números de lotería y corren a la administración más cercana para encargar con prisa ese boleto, seguros de que el sueño es un oráculo que llega, por fin, para poder cumplir el resto. Me sorprenden en su humana idiotez y disfruto cuando, una vez más, su número no ha ganado. Pero ahora yo también estoy dispuesto a invertir unas monedas si con ello logró olvidar esta pesadilla.
Pero no puedo. Tengo miedo de volver al sueño y morir en ese callejón oscuro, a manos de no se sabe quién, de un desalmado. Me visto torpemente y salgo a
Salto escalones y atravieso puertas cuando una luz intensa golpea mis pupilas. No recuerdo si la dejé encendida, ni comprendo por qué hay tanta gente alrededor de mi cama. Aparto a alguien y me veo entre unas sábanas arrugadas y húmedas, con los ojos cerrados y por fin tranquilo. Los veo hablar pero no hacen ruido, y empiezo a dudar si algún día yo también pude soñar el número de lotería. Pero hace frío y todo es silencio.
martes, 17 de noviembre de 2009
Ejercicio de dodecasílabos encadenados
La mayor parte del tiempo que he vivido,
la he pasado recostado en una cama.
Y reconozco no siempre haber dormido,
pero por esto no habrá que hacer un drama.
Miro hacia el techo si estoy muy aburrido,
o me pongo a rellenar un crucigrama.
Pero otras veces, después de haber bebido,
todo mi cuerpo la busca y se derrama.
Si algún muelle del somier lanza un chirrido,
pienso entre sueños que es alguien que me llama,
pues no quiero nunca, cuando estoy cocido,
que una tontuna perturbe mi programa.
Me propongo no emitir ningún ronquido,
ya que el macho cuando duerme nunca brama,
mas siempre acostumbro a hacerlo desvestido
por si surge la visita de mi dama.
Si algo no soy es un hombre reprimido,
tampoco protesto en contra del pijama,
pero si el sexo me tiene enfebrecido,
¿por qué no actuar como me viene en gana?
Incluso cuando me encuentre consumido
y la muerte me remita un telegrama,
no dejaré que me pille deprimido,
la esperaré sereno, sobre la cama.
jueves, 12 de noviembre de 2009
¡Facultad de Educación, YA!
Andan revueltas las aguas en la Universidad de Castilla-La Mancha.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Natalia Rodríguez y Nadia. Dos campeonas
jueves, 8 de octubre de 2009
Es muy fácil
Es muy difícil contar las estrellas que hay en el cielo,
y saber lo lejos que están,
y si alguien, desde alguna de ellas, nos está mirando.
Pero es muy fácil, en las noches de verano,
tumbarse sobre la hierba fresca
y contemplarlas mientras corren y se apagan,
y dejar que nuestros sueños vuelen hasta ellas.
Es muy difícil saber cuánta agua hay en el mar,
y los animales y plantas que habitan en sus fondos,
y dónde estarán mañana las gotas que me bañan hoy.
zambullirse en sus aguas saladas que enrojecen los ojos,
y buscar tesoros escondidos por piratas barbudos,
y sirenas que cantan con sus ojos tristes.
que suba y que baje y que de vueltas sin parar,
y que no caiga al suelo con sus hilos enredados.
dejar que nuestros sueños suban por sus hilos hasta el final,
y soltarlos entonces para que vuelen como palomas,
y que se enreden con los sueños de los otros.
sin estropear sus ramas y sus hojas,
y sin que los pájaros se asusten y se vayan de sus nidos.
tumbarse bajo su sombra oscura y cerrar los ojos,
oír el sonido de sus hojas mecidas por la brisa,
y dejar que el canto de los pájaros acompañe los sueños.
y si algún día se podrá olvidar,
y volver atrás el tiempo para que no hubiera pasado.
mirar a los ojos y pedir perdón,
y dejar que las lágrimas limpien el corazón roto,
y soñar que nos damos la mano para seguir caminando.
lunes, 24 de agosto de 2009
Natalia es campeona del mundo


